Burnout, estrés e injuria moral en EMS: cuando el costo de cuidar se convierte en riesgo ocupacional

Burnout, estrés e injuria moral en EMS: cuando el costo de cuidar se convierte en riesgo ocupacional

AUTOR: Dra. Ahumada A.

REVISTA / REFERENCIA: The Journal of Emergency Medicine, Vol. 85, No. C, pp. 146–176, 2026. Clinical Reviews.

BIBLIOGRAFÍA: Jenkins JL, Everly GS Jr, Chung Roemer E, Hsu EB, Han G, Zhang A, Sharma R, Asenso E Jr, Bidmead D, Bass EB, Saldanha IJ. Burnout, Stress, and Moral Injury Among Emergency Medical Services Clinicians: A Systematic Review. The Journal of Emergency Medicine. 2026;85(C):146–176. doi:10.1016/j.jemermed.2026.02.034.


En la medicina prehospitalaria, el tiempo clínico se mide en minutos, pero el impacto psicológico puede acumularse durante años. Los clínicos de servicios médicos de emergencia —paramédicos, técnicos, médicos, enfermeros y otros profesionales que responden en terreno— trabajan en un entorno donde la urgencia, la exposición al trauma, los turnos y la presión operativa no son excepciones: son parte de la práctica habitual.

La revisión sistemática publicada en The Journal of Emergency Medicine aborda precisamente ese territorio crítico: la salud mental ocupacional de quienes sostienen la primera línea de respuesta sanitaria fuera del hospital. Su foco no está puesto en una sola dimensión del malestar, sino en tres constructos centrales: burnout, estrés e injuria moral en clínicos de Emergency Medical Services, EMS.

El trabajo tuvo dos objetivos principales: evaluar la incidencia, prevalencia y severidad de condiciones adversas de salud mental relacionadas con el trabajo —incluyendo burnout, estrés e injuria moral— e identificar factores modificadores asociados con estos desenlaces.

La revisión incluyó 92 estudios, de los cuales 88 fueron transversales y 4 de cohorte. Las búsquedas abarcaron MEDLINE, Embase, Cochrane Register of Clinical Trials, PsycINFO y CINAHL, además de sitios web, ClinicalTrials.gov y revistas no indexadas en MEDLINE. Para aumentar la aplicabilidad al contexto de toma de decisiones de Estados Unidos, los autores restringieron la evidencia a estudios realizados en países de altos ingresos.

Uno de los hallazgos más relevantes no es solo lo que la evidencia muestra, sino también lo que no logra mostrar: ningún estudio reportó incidencia de burnout, estrés o injuria moral. Esta ausencia limita la comprensión longitudinal del problema. No permite saber con precisión cuándo aparecen estas condiciones, cómo evolucionan ni qué tan rápidamente se desarrollan en la trayectoria laboral de los clínicos EMS.

Aun así, la señal clínica es clara: los problemas de estrés en esta fuerza laboral son suficientemente importantes como para merecer mayor atención de los sistemas de salud.

Burnout: variabilidad amplia, pero señal consistente de carga ocupacional

Durante la práctica rutinaria, la prevalencia de cualquier burnout mostró una variación considerable, entre 13,9% y 87,7%. Al analizar los componentes del burnout medidos con el Maslach Burnout Inventory, la revisión encontró también una amplia dispersión: la alta despersonalización varió entre 13,3% y 99,3%, el alto agotamiento emocional entre 9,2% y 92%, y el bajo logro personal entre 1% y 36,4%.

Tras incidentes críticos, particularmente en el contexto de la pandemia por COVID-19, también se observó variabilidad relevante: la prevalencia de cualquier burnout osciló entre 18,3% y 38,3%, mientras que la alta despersonalización fue de 32% a 60,7%, el alto agotamiento emocional de 35% a 68%, y el bajo logro personal de 48% a 61,2%.

La lectura clínica de estos datos exige cautela, porque los estudios utilizaron instrumentos, puntos de corte, contextos y poblaciones heterogéneas. Sin embargo, la heterogeneidad no anula la señal: el burnout aparece como un fenómeno repetido en distintos escenarios, países y metodologías. La revisión concluye que, durante la práctica rutinaria, los niveles medios de burnout fueron de severidad leve a severa, con fuerza de evidencia moderada.

Estrés: no es sinónimo de burnout, pero comparte terreno clínico

El documento distingue el estrés del burnout. Esta diferencia no es menor: aunque ambos constructos se relacionan, la revisión subraya que combinarlos puede disminuir la sensibilidad para detectar problemas específicos.

En práctica rutinaria, la prevalencia de estrés general también mostró amplia variabilidad. La prevalencia de cualquier estrés general fue de 32,0% a 37,5%; el estrés leve de 3,1% a 26,3%; el moderado de 1,9% a 52,7%; el severo de 0% a 93%; y el extremadamente severo de 0% a 4,0%. Después de incidentes críticos, la prevalencia de estrés general severo varió entre 11,0% y 67,5%, y la angustia psicológica alta entre 36,0% y 73,1%.

Durante la práctica rutinaria, los niveles medios de estrés general, estrés laboral operacional y organizacional fueron de severidad leve a moderada; la angustia psicológica fue de severidad moderada; y el estrés traumático secundario fue leve, con fuerza de evidencia moderada para cada uno.

Desde la perspectiva clínica, esto importa porque el estrés ocupacional no es solo una experiencia subjetiva del trabajador. El artículo lo vincula con el funcionamiento profesional, el ausentismo, la intención de dejar el trabajo y el bienestar psicológico. En una fuerza laboral que cumple un rol estructural en la respuesta sanitaria, esa carga no puede entenderse como un problema individual aislado.

Injuria moral: un constructo menos medido, pero clínicamente inquietante

La injuria moral fue el dominio con menor evidencia disponible. Solo un estudio reportó severidad de injuria moral durante práctica rutinaria, utilizando la Moral Injury Events Scale. La evidencia sugirió niveles medios tendientes a severidad moderada, pero con baja fuerza de evidencia.

La revisión define la injuria moral como el síndrome que surge tras perpetrar, no prevenir, presenciar o conocer actos que transgreden creencias y expectativas morales profundamente arraigadas. En el entorno EMS, esta dimensión es particularmente relevante: los clínicos pueden enfrentar decisiones, escenas o restricciones operativas que tensionan sus valores profesionales y humanos.

Aunque la evidencia específica en EMS aún es limitada, el documento plantea que la injuria moral podría afectar la dedicación a la profesión y potencialmente la atención de pacientes. No obstante, los autores son cautelosos y reconocen que persisten brechas importantes para comprender este fenómeno en población civil sin exposición de combate.

Factores modificadores: no todo depende del individuo

La revisión identificó factores que podrían asociarse con peores desenlaces. Entre ellos se mencionan mayor exposición a trauma, más horas semanales, mayor burnout y mayores volúmenes de llamadas. También se describen asociaciones potenciales con aislamiento social, incivilidad laboral, violencia física y verbal, condiciones laborales, experiencia, trabajo extra y apoyo entre pares.

Los autores destacan que variables demográficas como edad, sexo y educación mostraron resultados inconsistentes en relación con burnout. Esto refuerza una idea clave para la práctica y la gestión clínica: el problema no debe reducirse a “resiliencia individual”. El desgaste ocupacional en EMS parece emerger de una interacción compleja entre características personales, exposición laboral, cultura organizacional, recursos disponibles y contexto operativo.

Relevancia para la práctica médica

Para médicos, internos, residentes y equipos clínicos, esta revisión tiene una implicancia directa: la calidad asistencial no puede separarse del estado funcional de quienes entregan atención. Los clínicos EMS cumplen un rol esencial en la cadena de sobrevida, en el traslado, en la estabilización inicial y en la continuidad de la atención. Si esa fuerza laboral se deteriora, el sistema completo se vuelve más vulnerable.

La revisión no propone una intervención única ni entrega una receta simplificada. Más bien, plantea que abordar estos desafíos requerirá estrategias integrales basadas en evidencia, diseñadas considerando factores modificadores asociados con malos resultados. En otras palabras, no basta con reconocer el burnout o medir estrés: los sistemas deben transformar esa información en políticas de salud ocupacional, apoyo psicológico, rediseño organizacional y prevención de exposición acumulativa.

El cierre del artículo original es particularmente potente: el riesgo de burnout, estrés e injuria moral discapacitante debe dejar de interpretarse como el “costo inherente de cuidar” y pasar a entenderse como un riesgo de salud y seguridad ocupacional que exige intervenciones específicas.

En la medicina actual, donde se exige rapidez, precisión y humanidad bajo presión constante, cuidar al paciente sin cuidar al equipo se vuelve una paradoja insostenible. La evidencia resumida en esta revisión no cierra el debate; lo abre con mayor urgencia.


Si el burnout, el estrés y la injuria moral en EMS amenazan tanto al clínico como a la atención del paciente, ¿seguiremos tratándolos como fragilidad individual o comenzaremos a exigir que los sistemas de salud respondan como frente a cualquier otro riesgo ocupacional clínicamente prevenible?

Burnout-Stress-and-Moral-Injury-Among-Emergency-Medical-Services-Clinicians-JEM-2026-1.pdf (4 descargas )

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